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jueves, 19 de junio de 2025

Dibujo, yoga, tenis, teatro, robótica… ¿y yo qué hago con esto?


 Estos días teníamos que elegir las actividades extraescolares para el próximo curso.

Y cuando le preguntamos a Erik, no dudó ni un segundo:

"Dibujo. Sí. Yoga. También, porque me ayuda a relajarme.
Tenis. Sí. Baloncesto. Sí. Teatro. Para el final.
Robótica. Sí. Fútbol. Sí. Y… atletismo."


—"Cariño, si quieres hacer atletismo, no puedes hacer ni Robótica ni Baloncesto."
—"Jo… entonces atletismo no."

Siete actividades.
Una sonrisa.
Y una ilusión desbordante.

Y lo mejor es que aún pensé:
“¡Anda! Fíjate que les ofrecen también lenguaje de signos…”
Obviamente no se lo propuse. Era too much. Incluso para mí.


Yo lo escucho, y me río por dentro.
Y a la vez pienso:
Qué maravilla.
Qué vértigo.
Qué responsabilidad también.
Ya veremos.

Porque, seamos honest@s:

📌 Es una pasta.
📌 No hay horas para todo.
📌 Y una parte de mí se pregunta:
—¿De verdad necesita hacer tanto?
—¿Estoy alimentando su deseo… o llenándole la agenda para que no esté en el patio?


Pero entonces me paro y me escucho…

Y me digo:
¿Y si no tengo que responder hoy a todo eso?
¿Y si este momento no va de elegir, sino de explorar?

Porque ya tendrá tiempo de renunciar, de priorizar, de decidir con cabeza.
Ahora, quizás lo más valioso es que aún cree que puede hacer todo lo que sueña.

Y mientras podamos acompañarlo, sin sobrecargarlo ni exigirle resultados…
¿por qué no permitirle intentarlo?

Ya tendrá tiempo.
Vendrán los deberes.
Vendrán las exigencias y las autoexigencias…
Y entonces no podrá.

Ahora puede. Que lo disfrute mientras pueda.


Me acordé de un cuento de Jorge Bucay: El buscador

Un hombre encuentra un cementerio en el que, en vez de las fechas de nacimiento y muerte,
las lápidas recogen los años realmente vividos:
el tiempo que esas personas amaron, rieron, aprendieron, disfrutaron…

Y entonces pensé:

Quizá no se trata de apuntarlo a todo.
Ni de obligarle a elegir aún.

Se trata de ayudarle a coleccionar tiempo de verdad.
No horas. No logros.
Sino instantes que le ensanchen el alma:
cuando pinta, cuando corre, cuando sueña, cuando juega.

Porque, como en el cuento…

Lo que cuenta no es cuánto tiempo vivimos,
sino cuánto de ese tiempo… nos hizo sentir vivos.


Y tú, ¿qué harías?

  • ¿Apuntarías a tu hijo/a a todo lo que le ilusiona?
  • ¿Le ayudarías a elegir desde ya?
  • ¿O esperarías a ver qué mantiene con alegría?

Yo/nosotros, de momento, lo acompañamos.
Y si hay que reajustar, ya veremos.
Como en la vida.


#CrianzaConsciente #EducaciónEmocional #ActividadesExtraescolares
#JorgeBucay #ElBuscador #TiempoDeVerdad
#DeseoInfantil #Exploración #RutRoncal #PreguntasPoderosas

martes, 27 de mayo de 2025

De infantil a primaria… y de etapa a etapa

 


Mi hijo Erik termina infantil.
Y aunque aún no sabemos si seguirá con su clase o será de los que se mezclen, en su cole lo tienen claro: este paso importa.
Le han dedicado todo un trimestre. Para entender. Para despedirse. Para crecer por dentro.

Porque no es solo cambiar de aula.

Es dejar atrás a una profe que los ha acompañado con amor durante años.

Es dejar atrás a esa profesora a la que adoran, con la que han pasado años.

Es pasar de tener una persona que los conoce con una sola mirada… a tener muchos profesores.
Es pasar de una mirada que los conoce a tener varios adultos que los verán por primera vez.
Es empezar con deberes. Con más normas. Con esa mirada más “responsable” sobre lo que les rodea. Con esa sensación de que “ahora sí, empieza lo serio”.

Y es vivir, casi sin saberlo, uno de sus primeros grandes cambios de etapa.

 Y entonces lo pienso…

Nosotros también cambiamos de etapa. 

Cambios de trabajo, de ciudad, de relaciones, de rol, de perspectiva.
A veces con ganas. A veces sin darnos cuenta. Otras con miedo. Muchas… sin darnos tiempo para mirar lo que dejamos atrás.

Pero ¿cuántas veces, como adultos, nos damos el tiempo de prepararnos para esos cambios?

¿Cuántas veces paramos para hacer balance, agradecer, cerrar… y seguir?

Los niños/as cierran su ciclo con cuentos, canciones y murales.
Y nosotros, ¿cómo lo hacemos? Porque muchas veces, simplemente,… pasamos pantalla o vamos con el piloto automático.

Os propongo dos propuestas para parar, integrar y proyectar:

1️ Mural de cierre: para mirar hacia atrás con intención

Una forma sencilla y poderosa de poner en valor lo vivido.
Puedes hacerlo solo/a o en familia, en papel, en digital o en tu mente… pero hazlo.

¿Qué puedes incluir?

  • Una foto o imagen de algo que marcó este ciclo o etapa.
  • Una palabra que represente un aprendizaje.
  • Un símbolo de algo que eliges dejar atrás.

Preguntas para hacerte:

  • ¿Qué quiero agradecer de esta etapa?
  • ¿Qué he aprendido de mí que antes no veía?
  • ¿Qué merecería un aplauso si pudiera verme desde fuera?

2️ Mural para visualizar: para imaginar lo que viene con sentido

No se trata de preverlo todo, sino de darle dirección a tu energía.

Puedes usar un tablero físico, una hoja en blanco… o herramientas digitales como Canva (tiene plantillas muy visuales y chulas para crear tu vision board).
Pero si eres como yo… te encantará hacerlo a mano:

✂️ Tijeras, pegamento, chinchetas de colores, corcho, fotos impresas, algún pin… incluso un objeto que represente un logro o deseo.
🎵 Y si además lo haces con tu música de fondo, mejor que mejor. Porque esto también va de sentirlo.

Trabajar con los tres sistemas sensoriales —visual, auditivo y kinestésico— hace que esta experiencia no solo sea creativa, sino profundamente transformadora.

¿Qué puedes colocar en tu mural de visión?

  • Una palabra que quieras cultivar.
  • Una imagen que te conecte con la vida que deseas.
  • Un compromiso contigo.

Preguntas para profundizar en el mural:

  • ¿Qué me gustaría sentir al terminar esta nueva etapa?
  • ¿Qué quiero hacer diferente esta vez?
  • ¿Qué me recuerda que lo importante es avanzar, no correr?

Un cuento corto, para cerrar...

Una niña paseaba por la sabana con su abuelo.
—¿Por qué los elefantes no corren como las gacelas? —preguntó.
—Porque saben que llegar no es lo importante —respondió él—.
Lo importante es recordar cada paso.

Hoy Erik da un paso

Y yo también.

Quizá este sea un buen momento para dejar de correr y mirar ese paso con más atención.
Porque las etapas no se saltan. Se viven. Se cierran. Se honran.

Y tú…

  • ¿Estás cerrando alguna etapa? ¿O abriendo una nueva?
  • ¿Te has parado a mirar lo que has aprendido antes de seguir?
  • ¿Cómo sería para ti cerrar con consciencia… y abrir con intención?

No siempre hay murales, ni canciones, ni cuentos.

Pero hay pasos.

Y cada paso, si se honra, transforma.
#RutRoncal

miércoles, 21 de mayo de 2025

Educar con ejemplo… con el móvil en el bolsillo: Cómo, para qué y con quién, las palabras clave

 


Mi hijo tiene 5 años.
No suele pedir el móvil. Si vamos a comer fuera, prefiere pintar o jugar con sus Superthings o con lo que lleve en la mochila.
Tengo claro que está lejos de tener un móvil propio… ¿o no tan lejos?

Hace poco vi un programa de Évole sobre adicción al móvil. Hablaban del acceso a la pornografía, con una edad media de inicio: 8 años.
Oí la cifra y se me encogió el estómago.

 Me di cuenta de que hay cosas que tenemos que empezar a trabajar mucho antes de lo que pensamos.

Así que eso de “queda lejos”… empieza a sonar ingenuo, ¿verdad?

¿Cuál es la edad adecuada para dar un móvil? No hay una única respuesta.
La mayoría de expertos coinciden en que entre los 12 y los 14 años, si hay madurez y acompañamiento, puede ser un buen momento.
Pero más que la edad, importa el cómo, el para qué, y con quién lo usan.

Una de las revisiones científicas más completas hasta la fecha —con más de 1.9 millones de jóvenes analizados— nos recuerda que:

  • Las redes sociales se asocian con más riesgo de depresión, ansiedad y conductas de riesgo, especialmente en chicas adolescentes.
  • El uso general de pantallas, sin supervisión ni propósito, se relaciona con peor aprendizaje, sueño y salud física.
  • Pero cuando hay contenido educativo, acompañamiento adulto o intención clara, los efectos pueden ser positivos.

Porque, claro, todo esto está muy bien. Pero ¿qué pasa con nosotros?

¿Cómo vamos a pedirles que dejen el móvil para hablar… si nos ven escribiendo por WhatsApp antes de mirarlos a los ojos?
¿Cómo vamos a pedir autocontrol… si nosotros no lo practicamos?

Aquí me viene a la mente uno de mis cuentos favoritos:

Una madre llevó a su hijo a ver a Gandhi. Le pidió:
—Por favor, dile a mi hijo que deje de comer azúcar.
Gandhi la miró y le dijo:
—Vuelvan dentro de dos semanas.

Dos semanas después, volvieron. Gandhi miró al niño y le dijo:
—Deja de comer azúcar.

La madre, confundida, le preguntó:
—¿Por qué no se lo dijo hace dos semanas?

Gandhi respondió:
—Porque hace dos semanas yo también comía azúcar.

Nuestros hijos no necesitan padres perfectos.
Necesitan referentes coherentes.
Si queremos que hablen más y se aíslen menos, empecemos nosotros por dejar el móvil al llegar a casa.
Si queremos que no usen la tecnología como anestesia, mostrémosles que también sabemos aburrirnos, esperar, o simplemente estar presentes.

Y tú…

¿Te has planteado qué ejemplo das con tu propio uso del móvil?
¿Qué te gustaría que tu hijo o hija recordara de ti: tu mirada o tu pantalla?

Yo me lo planteo todos los días, y muchos días… me equivoco, pero procuro tenerlo presente y cuando estoy con él, dejar el móvil

¿Y tú? Me encantará leerte.