Hay algo que nos desestabiliza en general a todas las personas, es la incertidumbre. En cualquier aspecto de nuestra vida, tendemos a querer movernos en escenarios de certeza y por este motivo sacamos nuestras propias conjeturas cuando hay alguna situación que no comprendemos.
Tendemos a eliminar la incertidumbre de forma consciente ó inconsciente, porque es algoque nos desconcierta y que en según qué situaciones se nos presente, nos genera estrés.
¿Qué es la incertidumbre? La Wikipedia (que amplia la definición de la RAE) la define como lo contrario de certidumbre o certeza; como duda o indecisión; como el azar, la contingencia, la expectativa, la ausencia de necesidad entendida como determinación… es decir, cuando no sabemos a donde ir, qué hacer, qué pensar o qué decir, cuando no sabemos hacia donde dirigir nuestros esfuerzos por que nos falta alguna claridad en el camino lo suficientemente importante como para cuestionarnos nuestro objetivo.
Desde que nacemos estamos preparándonos para entender nuestro entorno con una cierta lógica / coherencia, buscamos patrones (según nuestros propios paradigmas) y cuando algo vemos / observamos, nuestro subconsciente lo procesa y le encuentra una lógica. A veces le cuesta y lucha hasta encontrar ese patrón que hace a ese suceso “coherente” con nuestro paradigma o nuestra forma de ver lo que nos rodea.
Cuando lo que nos pasa viene mediatizado por nuestro entorno laboral / social / familiar o por las relaciones con otras personas… empieza a complicarse la cosa porque seguramente nuestra lógica es insuficiente, nos hacemos preguntas que a veces son contestadas y a veces no. Nos hacemos preguntas y como esa incertidumbre a veces nos genera estrés no tenemos la suficiente paciencia como para dar tiempo para reflexionar, para que se asienten algunas cosas/ decisiones/ etc… necesitamos las respuestas de forma inmediata y eso a veces puede llevarnos a la catástrofe, a tomar decisiones de forma impulsiva o adentrarnos en un camino aún más incierto ó lo que es peor, lleno de certeza pero en dirección contraria a lo que desearíamos.
Por este motivo están tan solicitadas las echadoras de cartas y/o pitonisas… es la desesperación la que busca respuestas y esa gana de agarrarse a lo que sea, a un clavo ardiendo, hace que en esos momentos confiemos hasta en la “magia”, en el fondo buscando las respuestas deseadas para eliminar los miedos que nos genera el escenario de incertidumbre.
Y la incertidumbre nos rodea constantemente, con la crisis o sin ella. Vivimos y no podemos controlarlo todo. Esto me recuerda a una reflexión filosófica de Heráclito, de queuno no se puede bañar dos veces en el mismo río, porque entre las dos, el cuerpo y el agua del río se han alterado. Por lo que entiendo, entendemos, que el mundo está en constante cambio, que igual que el río cambia instantáneamente nosotros también lo hacemos y aumentan nuestras probabilidades de tener escenarios de incertidumbre a nuestro alrededor.
Pero entonces ¿Qué podemos hacer?, necesitamos tiempo para reflexionar, tiempo para hablar/preguntar/ escuchar el silencio y el no silencio y luego preguntarnos¿Qué es lo que realmente quieres? Porque eso es lo que definirá el plan mayor. Si hay algo que realmente quieres valdrá la pena luchar por ello, y sino tendremos que hacerlos la pregunta de ¿Y si no… qué quieres hacer? Y en este punto recomendaría un recurso que S. Covey explica en su libro “los 7 hábitos de las personas altamente efectivas”, que es el círculo de influencia y el círculo de preocupación. Es decir, analizar qué es lo que depende de nosotr@s (c. Influencia) y que es lo que no (c. De preocupación) ¿Y qué hacemos con lo que está en nuestro círculo de preocupación? Tendremos que analizar si lo que está ahí realmente no podemos hacer nada. Tratar de pasar de la preocupación a la ocupación, porque estar simplemente en la zona de preocupación nos quita recursos y nos impide pasar a la acción.
Nos centraremos principalmente en lo que está en nuestro círculo de influencia y también trataremos de intervenir en aquellas cosas que estando en nuestro círculo de preocupación están en nuestra mano. Por ejemplo, si te preocupa la salud de tus hij@s, lo que está en tu mano es proveer de una alimentación saludable, ejercicio, hábitos de salud, las revisiones médicas pertinentes, etc. Para que aunque siga existiendo un escenario de incertidumbre, podamos sentir que estamos haciendo algo al respecto.
Lo mismo en el trabajo, ya he visto más de una situación que ante la falta de comunicación sobre la continuidad o no de un contrato, la persona decide buscar otro trabajo ¿y si somos nosotr@s los que preparamos / convocamos una reunión con nuestro responsable y salimos de dudas? Obviamente tratando de argumentar los beneficios de permanecer en la empresa (visión ganar – ganar). A veces da miedo oir la respuesta, pero sin querer con el plan B estamos negándonos la posibilidad del plan A. O quizás seguiremos con el plan B pero sin partir de supuestos y seguramente con otra actitud.
Lo que está claro es que no podemos controlarlo todo, ni podemos esperar que las personas se comporten de la manera que esperamos (es decir, según nuestra lógica…)… hay que saber convivir con determinada dosis de incertidumbre y arriesgarse por lo que es importante, porque al final si de verdad nos lo proponemos aparecerán ante nosotr@s las claves para seguir avanzando o quizás las piedras que hay que rodear o saltar para seguir avanzando ¿quién sabe?
Acabo con dos frases, una de Edward Rutherford
“Cuando el navegante comienza el viaje, prepara su barco, estudia su ruta, planea su itinerario y zarpa; no puede hacer nada más. No puede saber qué tormentas lo azotarán, ni si ha de regresar. Pero zarpa”
Y otra de Ayn Rand
“No permitas que el héroe que habita en tu alma muera en solitaria frustración por la vida que merecías pero que no pudiste alcanzar”
Y ahora ¿estamos preparad@s para zarpar y ser héroes?
Hoy he estado trabajando sobre la gestión del tiempo con un grupo de directivos y al final, da igual el tipo de trabajo que se realice, da igual que seas un ejecutivo, un operario, un administrativo o un consultor... el estrés existe, la falta de asertividad, todos tenemos ladrones del tiempo y vemos en el fondo ventajas para seguir gestionándonos mal nuestro tiempo.
S. Covey fue un pionero en integrar la gestión del tiempo con el resto de habilidades, no sólo en el saber decir que no, delegar, etc sino para realmente gestionar tu tiempo has de integrarlo dentro del conjunto de los 7 hábitos que identificó que compartían las personas altamente efectivas (Efectividad = Eficacia y eficiencia sostenibles a través del tiempo).
Esta semana ha fallecido S. Covey a sus 79 años, no llegó a cumplir los 80 años que nos planteaba en sus cursos, libros y conferencias para ayudarnos a visualizar nuestra misión en la vida... espero que esté donde esté, se encuentre satisfecho de su legado.
Hablando de gestión del tiempo y de Covey, me gustaría compartir una anécdota que él solía contar en sus conferencias y que seguro que la habéis escuchado / leído en alguna ocasión. Dice así:
"Un experto estaba dando una conferencia a un grupo de profesionales. Para dejar en claro un punto, utilizó un ejemplo que los profesionales jamás olvidaron. Parado frente al auditorio de gente muy exitosa dijo: Quisiera hacerles un pequeño examen... De abajo de la mesa sacó un jarro de vidrio, de boca ancha y lo puso sobre la mesa frente a él.
Luego sacó una docena de rocas del tamaño de un puño y empezó a colocarlas una por una en el jarro. Cuando el jarro estaba lleno hasta el tope y no podía colocar más piedras preguntó al auditorio: ¿Está lleno este jarro?.
Todos los asistentes dijeron SI. Entonces dijo: ¿Están seguros?, y sacó de abajo de la mesa un balde de piedras pequeñas. Echó un poco de piedras en el jarro y lo movió haciendo que las piedras pequeñas se acomoden en el espacio vacío entre las grandes. Cuando hubo hecho esto preguntó una vez más... ¿Está lleno este jarro?. Esta vez el auditorio ya suponía lo que vendría y uno de los asistentes dijo en voz alta "probablemente no". Muy bien, contestó el expositor. Sacó de debajo de la mesa un balde lleno de arena y empezó a echarlo en el jarro. La arena se acomodó en el espacio entre las piedras grandes y las pequeñas.
Una vez más preguntó al grupo: ¿Está lleno el jarro?. Esta vez varias personas respondieron a coro: NO!. Una vez más el expositor dijo: Muy Bien!, luego sacó una jarra llena de agua y echó agua al jarro hasta llenarlo. Cuando terminó, miro al auditorio y preguntó: ¿Cuál creen que es la enseñanza de esta pequeña demostración?.
Uno de los espectadores levantó la mano y dijo: la enseñanza es que no importa qué tan lleno esté tu horario, si de verdad lo intentas, siempre podrás incluir más cosas.... No, replicó el expositor, esa no es la enseñanza.
La verdad que esta demostración nos enseña que: Si no pones las piedras grandes primero, no podrás ponerlas en ningún otro momento. ¿Cuáles son las piedras grandes en tu vida?
Recuerda poner esas piedras grandes primero o no encontraros un lugar para ellas. Tómate el tiempo para clarificar cuales son tus prioridades y revisa como usas tu tiempo para que no se te quede ninguna afuera, o lo que es peor, que tengas que sacar una piedra grande para poder meter arena".
Y vosotr@s ¿tenéis identificadas vuestras grandes rocas? ¿les dedicáis todo el tiempo que necesitáis?
Seguro que más de uno y más de dos a lo largo de su vida ha escuchado la frase de "es la crisis de los 30, de los 40, de los 50..."
En realidad dicha crisis no existe, no hay una edad en la que tu dni malvado programe que padezcas la crisis de turno.
¿Qué es lo que decide que tengamos una crisis a los 25, 37 o 52 años? que de pronto decidamos reflexionar acerca de lo que esperamos en la vida y de pronto nos demos cuenta de que el camino hacia el cual queríamos dirigir nuestra vida está muy apartado de donde estamos en realidad (como cuando dejas el coche en un parking y cuando vas a buscarlo no lo encuentras donde "se supone que debería estar",.... evidentemente si nos tensiona y genera ansiedad el "momento parking" imaginaros cuando es aplicado a nuestra vida).
Para reflexionar y evitar esta situación, hay varios ejercicios que podemos hacer:
- Pensar, visualizar y escribir mi "misión", es decir, tratar de imaginarme mi futuro y dónde me gustaría estar en 10 años.
- Visualizar mi 90 cumpleaños y reflexionar sobre quién/nes me gustaría que estuvieran en la fiesta y qué es lo que me gustaría que dijeran de mí.
- Visualizar mi entierro y pensar en cómo me gustaría que me recordaran.
En cualquiera de los tres planteamientos he de pensar qué es lo que estoy haciendo HOY para que ese MAÑANA se haga realidad.
El de la fotografía es @dagmar96hours. Él ha sido valiente. Ha decidido hacer lo que siempre le hubiera gustado hacer para no tener "la famosa crisis".
¿Y vosotr@s? ¿Qué os habéis planteado al respecto?
Hace poco puse este vídeo en twitter sobre el fracaso, y me hizo pensar en cómo en ocasiones los errores no sólo nos frenan en determinados momentos sino que en ocasiones hacen que no nos sintamos capaces de hacer determinadas cosas.
Gracias a este vídeo y gracias al ejemplo de personajes más que conocidos nos podemos ver de alguna manera reflejados en sus historias.
Normalmente el mes de Enero es un mes de reflexión, un mes en el que nos marcamos nuestros objetivos para el nuevo año que comienza y que es posible que nos detengamos en analizar nuestros "errores" y/o fracasos del año anterior...
Esto nos ha de servir para centrarnos no en lo que no podemos hacer, sino en lo que sí es posible, en lo que sí está en nuestras manos y en lo que desde luego podemos mejorar... sólo así encontraremos la motivación para superarnos y hacer que se cumplan nuestros objetivos.
Posiblemente a nuestro alrededor nos encontremos con gente que confíe en nosotros y nos apoye (algunos de forma no especialmente realista) y gente que hará lo contrario... no nos etiquetemos,... escuchemos a nuestro alrededor pero confiemos también en nuestro instinto... en nuestra intuición.
A continuación me gustaría compartir con vosotr@s un cuento de Leonardo Boff que hace una adaptación de la fábula del Águila y la Gallina. Dice así:
"Era una vez un campesino que fue al bosque cercano a atrapar algún pájaro con el fin de tenerlo cautivo en su casa. Consiguió atrapar un aguilucho. Lo colocó en el gallinero junto a las gallinas. Creció como una gallina.
Después de cinco años, ese hombre recibió en su casa la visita de un naturalista. Al pasar por el jardín, dice el naturalista: “Ese pájaro que está ahí, no es una gallina. Es un águila.”
“De hecho”, dijo el hombre. “Es un águila. Pero yo la crié como gallina. Ya no es un águila. Es una gallina como las otras.
“No, respondió el naturalista”. Ella es y será siempre un águila. Pues tiene el corazón de un águila. Este corazón la hará un día volar a las alturas”.
“No, insistió el campesino. Ya se volvió gallina y jamás volará como águila”.
Entonces, decidieron, hacer una prueba. El naturalista tomó al águila, la elevó muy alto y, desafiándola, dijo: “Ya que de hecho eres un águila, ya que tú perteneces al cielo y no a la tierra, entonces, abre tusa alas y vuela!”
El águila se quedó, fija sobre el brazo extendido del naturalista. Miraba distraídamente a su alrededor. Vio a las gallinas allá abajo, comiendo granos. Y saltó junto a ellas.
El campesino comentó. “Yo lo dije, ella se transformo en una simple gallina”.
“No”, insistió de nuevo el naturalista, “Es un águila”. Y un águila, siempre será un águila. Vamos a experimentar nuevamente mañana.
Al día siguiente, al naturalista subió con el águila al techo de la casa. Le susurró: “Águila, ya que tú eres un águila, abre tus alas y vuela!”.
Pero cuando el águila vio allá abajo a las gallinas picoteando el suelo, saltó y fue a parar junto a ellas.
El campesino sonrió y volvió a la carga: “Ya le había dicho, se volvió gallina”.
“No”, respondió firmemente el naturalista. “Es águila y poseerá siempre un corazón de águila. Vamos a experimentar por última vez. Mañana la haré volar”.
Al día siguiente, el naturalista y el campesino se levantaron muy temprano. Tomaron el águila, la llevaron hasta lo alto de una montaña. El sol estaba saliendo y doraba los picos de las montañas.
El naturalista levantó el águila hacia lo alto y le ordenó: “Águila, ya que tú eres un águila, ya que tu perteneces al cielo y no a la tierra, abre tus alas y vuela”.
El águila miró alrededor. Temblaba, como si experimentara su nueva vida, pero no voló. Entonces, el naturalista la agarró firmemente en dirección al sol, de suerte que sus ojos se pudiesen llenar de claridad y conseguir las dimensiones del vasto horizonte.
Fue cuando ella abrió sus potentes alas. Se erguió soberana sobre sí misma. Y comenzó a volar a volar hacia lo alto y a volar cada vez más a las alturas. Voló. Y nunca más volvió.
Estamos hechos de un montón de posibilidades, pero hubo personas que nos hicieron pensar como gallinas. Y aun pensamos que efectivamente somos gallinas. Pero somos águilas.
Por eso, hermanos y hermanas, abran las alas y vuelen. Vuelen como las águilas. Jamás se contenten con los granos que les arrojen a los pies para picotearlos."
¿Y vosotr@s? ¿os habéis mirado al espejo? ¿Y qué habéis visto, un águila o una gallina?
El miércoles por la tarde tuvimos evento en la UPV; junto con Avant-ime convocamos una tarde dedicada a la productividad vista bajo el paraguas de Covey.
El ejercicio que veis en la foto, es un ejercicio muy gráfico de todo lo que significa productividad personal y es que sin un norte, sin un objetivo todo movimiento puede ser tanto válido como inútil, pues no determina hacia dónde nos vamos a dirigir.
La cuestión es que en ocasiones creemos que el objetivo está claro, bien sea dado por nuestra empresa/ organización, por que nos lo hayamos marcado nosotros,... y pensamos que es algo objetivo (valga la redundancia,...) que es algo que incluso lo ven todos de la misma manera...
Sin embargo, la cuestión, es que no sólo es importante el objetivo, sino lo que interpretamos cómo objetivo tanto nosotros, como los que supuestamente tienen que participar hacia su consecución... que en ocasiones pensamos que son cosas obvias y sin embargo las interpretaciones son muy dispares...
Covey nos plantea la productividad personal a través de 5 elecciones críticas:
1. ACTUAR EN LO IMPORTANTE. NO REACCIONAR ANTE LO URGENTE
2. IR A POR LO EXTRAORDINARIO. NO CONFORMARSE CON LO CORRIENTE
3. PLANIFICAR LAS GRANDES ROCAS. NO ORDENAR LAS PEQUEÑAS PIEDRAS
4. GESTIONAR LA TECNOLOGÍA. QUE NO TE GESTIONE ELLA
5. ALIMENTAR SU ENERGÍA. NO QUEMARSE
Para que podáis formar parte de lo que ocurrió esa tarde, el Storify de la jornada
Covey en su libro de los 7 hábitos plantea lo siguiente: Se entiende por paradigma la percepción que tenemos de la realidad, el modelo o concepto que tenemos de determinadas situaciones ó casos. Esta percepción hace que ante determinadas situaciones reaccionemos de una manera determinada. Muchas de ellas nos han sido inculcadas desde niños, tanto por la familia como por la educación tradicional y por nuestro medio. Pero están realmente basados en valores y principios auténticos, realmente creemos en estos principios y representan nuestros más profundos valores.
Viendo la fotografía podemos pensar que el agua caliente es la fotografía superior, sin embargo esto no es así.
No os podeis imaginar el "diálogo de besugos" que tuve con la de recepción ante mi ignorancia y falta de comprensión al ver que no salía agua caliente de ninguna de las maneras y eso es porque según mi paradigma era "imposible" que el agua caliente saliera de donde se supone que debía de salir agua fría...
Como se suele decir... "para aprender perder..." (estuve casi dos días pensando que no podría ducharme) y como para casi cualquier cosa la clave es: observar, escuchar y hablar... cosa que al final hice y salí de mi paradigma.
Esta semana he tenido oportunidad de dar formación a un grupo de instructores de una entidad colaboradora de salvamento marítimo.
Tuve la oportunidad de ser invitada a observar/participar en un entrenamiento de misión SAR y desde el briefing ser parte del procedimiento.
Para mí, fue la demostración de la definición de confianza según Covey, para que ésta se dé, ha de ir acompañada de dos variables: competencia y actitud (lo que Covey denomina como carácter).
Según Covey nuestra decisión respecto de si debemos confiar o no en alguien, empieza con nuestra evaluación de 4 núcleos de credibilidad:
•Propósito/Intento: el deseo intrínseco de hacer algo
•Integridad: la voluntad consciente de hacer el esfuerzo para lograr el propósito/intento
•Capacidades: habilidades o capacidades potenciales
•Resultados: los resultados finales demostrados
La evaluación del “carácter” de una persona se basa en los dos primeros núcleos: evaluaciones de la intención y la integridad.
La competencia tiene que ver con los otros dos núcleos de credibilidad de Covey, es una combinación de habilidades o capacidades potenciales (conocimientos, talento, experiencia, etc) y los resultados demostrados (el rendimiento o resultado). Es importante la diferencia entre estos dos porque no se puede suponer que las habilidades y el conocimiento se traducen en resultados. Sólo porque alguien puede, no quiere decir que lo hará.
Lo que pude experimentar fue precisamente la combinación de ambos, de la competencia de un equipo de profesionales que sabían lo que hacían y seguían estrictamente un procedimiento de forma coordinada y la actitud, tanto en su relación para conmigo como entre ellos.
La lástima fue que un fallo eléctrico hizo que nuestro vuelo fuera de 11 minutos y no pudiera ver la misión en su totalidad, lo cual no hizo que no fuera testigo de su profesionalidad.
Pensando en el post para @RafaelTimer y buscando inspiración... encontré tres frases que creo que pueden servir como punto de partida:
La soledad se admira y desea cuando no se sufre, pero la necesidad humana de compartir cosas es evidente. Carmen Martín Gaite
La soledad es muy hermosa... cuando se tiene alguien a quien decírselo. Gustavo Adolfo Bécquer
¿Por qué, en general, se rehuye la soledad? Porque son muy pocos los que encuentran compañía consigo mismos. Carlo Dossi
Cuando la gente oye la palabra "soledad", en seguida su cara transmite que es un concepto que le produce pena, angustia, ...
Está claro que los seres humanos somos seres sociales, eso creo que podemos afirmarlo tod@s, sin embargo yo os invito a que os hagáis la siguiente pregunta: ¿estar siempre acompañados es bueno?
Creo que es interesante distinguir la soledad, del ser solitario y de la soledad obligada a la soledad buscada... hay momentos en nuestro día a día en los que necesitamos estar sol@s con nosotr@s mism@s, es la única manera en la que podamos encontrar un espacio para reflexionar, para pensar, para plantearnos metas, ... para contactar con nuestro yo más interno.
Como dice la frase de Carlo Dossi, poca es la gente que se encuentra a gusto consigo mism@, y esto es sumamente necesario para prepararnos a tener mejores relaciones con los demás. No podemos tener relaciones basadas en la confianza, en la honestidad, en la comunicación... sino tenemos previamente estos valores con nosotros mismos.
Para mí, la soledad, puede ser terapéutica, por que nos permite conocernos, aceptarnos, amarnos, resetear,... estar a gusto con nosotr@s mism@s en realidad.
S. Covey en su libro de los 7 hábitos ya lo plantea desde el punto de partida de las habilidades. No puedes lograr la victoria pública (el éxito en tus relaciones interpersonales) sin haber logrado la victoria privada que en este caso se consigue con proactividad, teniendo un fin en mente y poniendo primero lo primero, éstos son los hábitos que la componen, pero sin embargo, sin la reflexión, sin los momentos de soledad necesarios,... no podremos conseguirlos...
Evidentemente, por muy positiva que trate de ser, la soledad también puede ser negativa. Más que la soledad, el sentirnos solos. Esa sensación de angustia, cercana a la depresión, que hace que nos sintamos abandonados aunque estemos rodeados de un montón de gente.
Como todo en esta vida, la clave está en el equilibrio. Conocernos, aceptarnos y respetarnos,... estar a gusto con nosotr@s mism@s nos permite identificar qué es lo que queremos en esta vida, nos permite conocer nuestros valores y de ésta manera también, saber valorar y tratar de rodearnos de gente con la que nos podamos identificar. Nuestra red social también es importante, porque cuando no tenemos ganas de levantarnos, de sonreir o de conectar con el mundo... el mundo puede ayudarnos a reconectar gracias a las personas que nos rodean y son nuestr@s amig@s, familiares, etc...
Gracias @RafaelTimer por esta petición,... espero que te guste... y espero tus comentarios :D
Esta es una técnica que utilizamos en los cursos cuando duran más de una jornada, sirve para resumir y reubicar los conceptos, pero al mismo tiempo les abre la mente a los participantes.
Hemos de ser conscientes de que nuestro cerebro de los 900 datos/sg que percibe, sólo procesamos de 4 - 9, datos procesados de forma condicionada por nuestras motivaciones, intereses, preocupaciones, etc..., es decir, pasan por un filtro importante.
Por lo que cuando asistimos a un curso de formación (o a una reunión, una entrevista, una charla, ...) o nos juntamos con alguien y mantenemos una conversación, nos acordamos después de aquello que ha pasado y superado ese filtro.
Es enriquecedor comenzar una siguiente sesión recordando lo visto anteriormente, pero que no sea el formador/a quien haga ese resumen, sino los propios participantes.
Les podemos invitar a reflexionar con unas preguntas:
- ¿Qué te gustó más?
- ¿Qué recuerdas?
- ¿Qué te sorprendió?
- ...
Y con la ayuda de unos post-it o tarjetas, podemos hacer que todos aporten esas respuestas que han escrito y compartirlas con los demás... Serán las hojas de nuestro árbol de aprendizaje.
Entre todos recordarán el 90% (o más) de lo que se vió el día anterior, de una manera dinámica, amena y enriquecedora.
Asimismo, podemos utilizar este mismo principio con nuestros colaborador@s, jefes, compañer@s, pareja, amig@s, hij@s, etc... puesto que he de tener presente que "Mi mapa no es el territorio" y que todos tenemos parte del mapa de la realidad y por tanto, recuerdos diferentes de una misma situación.
Aprovechando la foto del "ipat" de @manyez, que tuvimos la oportunidad de coincidir en la conferencia que impartió mi compi y amigo Jonathan en la Universidad Politécnica de la Innovación sobre "El factor confianza" de S. Covey, adjunto el post que resume la jornada que viene estupendamente al caso.
POST SOBRE LA JORNADA:
No hay vehículo más rápido en las empresas que la confianza
Ésta es una de las principales y primeras conclusiones que nacieron de la conferencia “Fundamentos de la velocidad de la confianza” que impartió Jonathan Mohadeb de Tea Cegos para la Cátedra Bancaja de Jóvenes Emprendedores y el Observatorio de Inserción Laboral de la Universidad de Alicante el pasado 12 de mayo.
¿Es importante que confíen en nosotros? ¿Cómo hacemos para que las personas confíen en nosotros? fueron los retos que Mohadeb lanzó al grupo de estudiantes, emprendedores y empresarios reunidos para trabajar la velocidad de la confianza: No siempre rápida para crearla, pero casi siempre rápida para perderla.
A medida que avanzó la conferencia, se establecieron diferentes líneas de trabajo para asegurar el factor confianza: La confianza es considerada una habilidad soft y es críticamente hard, se puede y debe medir, afecta a los resultados, descarta opciones. Si disminuye la confianza, se reduce la velocidad de las relaciones, gestiones, intercambios y sobre todo, aumenta el coste. En positivo, si aumenta la confianza con las personas, con los proyectos, con las empresas, aumenta la velocidad y disminuye el coste.
Los asistentes también tuvieron la oportunidad de trabajar en grupos la confianza abordando diferentes talleres y preguntas clave ¿En quién confías? ¿A quién confiarías tu PIN? ¿A quién para dejar a tus hijos? ¿Quién confía en ti? ¿Confiar es confiar en todo y para todo?
Por último la conferencia pudo asentar metodológicamente la velocidad de la confianza. La confianza nace del carácter (cercanía, humildad, transparencia...) y la competencia (rigor, capacidad, ...) La confianza se crea rápidamente a través de la competencia (rigor) y se destruye rápidamente con el carácter (estilo).Importante síntesis. La confianza es cuantificable, medible, observable, luego "trabajable"
Pronto el auditorio inició las conclusiones. “Si no confías en nadie no pasará nada, pero si confías pasarán muchas cosas. Si no confías no podrás hacer nada que no puedas hacer tú solo.” La evolución en los años es clave a la pregunta ¿Los empleados confían en sus jefes?. En 1996 el 51%, En 2007 un 16%. En 2011 ¿? A la cuestión “En las empresas "no nos perjudicamos unos a otros" sólo es respaldada por un 37%, quizá la confianza es más necesaria de lo que aparenta. Trabajando la confianza con las organizaciones se demuestra que es rentable que el beneficio supera en creces a los posibles engaños.
Sacada de http://www.tea-cegos.es/70101&Abrir=Li4vcHJpdmFkby9ub3RpY2lhcy8yMDEwXzU0LnBocA==/noticias
Fisio... lo necesitaba. Eso me recuerda a la parábola del Leñador contada en mil ocasiones en el curso de "Los 7 hábitos" de S. Covey.
Esta era una vez un hombre que fue a pedir trabajo de leñador a un bosque. El jefe a cargo le dio un hacha y le deseo suerte.
Sorprendentemente el hombre logro cortar 30 árboles en su primer día de trabajo por lo que su jefe lo felicitó y le dijo que estaba a punto de romper el record de 31 árboles.... que había logrado otro leñador.
El hombre, motivado por los comentarios de su jefe, decidió levantarse al día siguiente más temprano para poder superar el record pero lamentablemente ese día cortó solo 17 árboles. Consternado por haber fallado, pensó que además de madrugar debía de esforzarse todavía más por lo que en su 3er día de trabajo se levantó mucho más temprano y empleó todas sus fuerzas pero increíblemente ese día cortó solo 5 árboles.
El hombre no sabía la razón de su fracaso por lo que fue con su jefe para platicarle lo acontecido. El jefe lo escucho atentamente y le dijo: Antes de que sigas quiero hacerte una pregunta: ¿Te has dado tiempo para afilar tu hacha? A lo que respondió el leñador: No, no lo he hecho ya que he estado muy ocupado esforzándome por tratar de cortar mas arboles.
Terminando de preparar la documentación de mañana... y haciendo tiempo para partir hacia Albacete.
Hace tiempo ya preparé un post en el que comentaba algunos de los contenidos del curso que voy a impartir esta semana...
Como ya comenté en su momento, ser excelente a nivel interpersonal, conlleva tener en cuenta muchas cosas, no sólo el que te sepas comunicar, sino también saber con quién tienes que hacerlo.
En muchas ocasiones no nos damos cuenta de la cantidad de tiempo que invertimos en relacionarnos con gente que no sólo no nos sirven de cara a nuestros objetivos a nivel profesional, sino que además, tampoco nos damos cuenta de la importancia de separar las afinidades personales de lo meramente profesional. Es decir, estamos con quien nos dan apoyo, consuelo, conversación, etc... y si no nos caen bien procuramos no relacionarnos con ell@s, aún a pesar de ser necesaria esa relación a nivel profesional, encontrándonos después con problemas de comunicación interdepartamental, duplicidad de tareas, falta de definición de responsabilidades, etc...
Los tres pilares de la excelencia interpersonal según Cegos, serían:
- Construir su red estratégica de relaciones
- Potenciar sus cualidades personales
y - Desarrollar relaciones eficaces
Efectivamente, para ello, necesitamos identificar nuestros objetivos del puesto de trabajo, así como los actores involucrados, realizar una labor de autoconocimiento sobre nuestros valores / creencias, confianza en uno mismo y comportamientos / actitudes, puesto que nos afecta a la hora de interactuar con nuestro entorno, y por supuesto tener en mente una actitud genuina para comunicarse de forma fluida y abierta, pensar en el ganar - ganar y ser capaces de ver el conflicto como una oportunidad.
Una frase que me parece reveladora para este contenido es que: "No son las diferencias entre las personas lo que crea los problemas de relación; todos somos distintos. Los problemas surgen cuando una persona es inflexible y se aferra a cierta postura".
¿Nos hemos parado a analizar nuestra red? ¿Sabemos con quién nos tenemos que relacionar? ¿Nos afectan nuestras emociones a la hora de relacionarnos?
Hay una cosa que es común a todos los individuos, relaciones interpersonales, equipo, familia, organización, nación o civilización en cualquier lugar del mundo. Una cosa que si se remueve puede destruir el gobierno más poderoso, el negocio más exitoso, la amistad más grande, el amor más profundo. Por otra parte si se desarrolla y potencia es lo único que puede crear un éxito sin precedentes y generar prosperidad en todas las dimensiones de la vida. Sin embargo es la menos comprendida y la más subestimada en este tiempo. Eso se llama: confianza.
Después de muchos años, por fin me estoy leyendo "El mundo de Sofia" un gran libro que trata de resumirte y ponerte en disposición para comprender las grandes preguntas con las que los filósofos comenzaron a tratar de responder.
El libro comienza con la primera gran pregunta: ¿Quién eres?. Todos conocemos nuestro nombre y apellidos, pero ¿sabemos quienes somos? ¿sabemos si lo que forma parte de nuestras motivaciones y deseos son realmente nuestr@s o forman parte de lo que "debemos" desear o querer? y lo más importante, dejamos de hacernos preguntas, si nos resignamos al mundo en el que "nos ha tocado vivir" y dejamos de sorprendernos... ¿Qué podemos esperar?
Esto me recuerda al hábito 2 de S. Covey, hay que comenzar con un fin en mente, identificar cuál es nuestra misión en nuestra vida, qué es lo que queremos lograr, porque como dice también Séneca: Ningún viento es favorable para quien no tiene un puerto de destino.
En ocasiones nos planteamos estas preguntas en el trabajo, a la hora de gestionar nuestro tiempo,... pero rara vez nos lo planteamos con respecto a lo que queremos hacer con nuestra vida, con nuestras motivaciones reales o deseos más profundos.
El vídeo que os pongo es un ejercicio que deberíamos hacer de vez en cuando, y es el visualizar nuestro 8o cumpleaños, a quiénes nos gustaría ver en esa fiesta, qué nos gustaría sentir y qué nos gustaría haber hecho antes de llegar ese momento, que nos gustaría que dijeran de nosotros la gente que está más cercana a nosotr@s y la pregunta quizás más crucial, ¿qué estamos haciendo nosotr@s en estos momentos para que esa visión sea real?
Ultimamente, cuando explico en cursos los principios de cooperación (ganar - ganar), hablo de asertividad, la comunicación y las posiciones vitales (el principio de comunicación: Yo estoy bien- Tú estás bien), etc... me encuentro con que varias personas parecen tener en sus miradas principios de escepticismo, como si les estuviera planteando un mundo teórico - utópico y no pudieran llevarlo a la práctica en su día a día.
Hace unos días hablaba de las creencias limitantes o irracionales que hacen que nos comportemos de una determinada manera o que interpretemos nuestro mundo en base a esa creencia. Si una de mis creencias (bastante común en nuestra cultura) es el "piensa mal y acertarás" o "no te puedes fiar de nadie más que de ti mismo"... hemos de "suavizar" previamente esas creencias antes de estar preparados para una negociación dentro del principio de cooperación (Hábito 4, S. Covey), puesto que vamos en contra de lo que verdaderamente sentimos y nos descubriremos traicionando a nuestro interlocutor en la negociación, porque estaremos convencidos de que "nos va a engañar" o va a "utilizar la información que dispongamos a su favor y a nuestra contra".
La cuestión, es que por mucho que tratemos de aparentar ser adultos y de comportarnos como tales,... cuando hablamos de habilidades no nos alejamos demasiado de nuestra infancia. Y cuando hablamos de negociación o de resolución de conflictos en base a la búsqueda de soluciones constructivas, me encuentro con más de una reacción similar al "Ha sido él/ ella" o "Ha empezado él/ ella" de cuando éramos niños y cuando algo había salido mal o habíamos hecho algo que sabíamos que estaba mal.
Como parece que cuando somos adultos y nos explican los comportamientos con principios de teoría económica más que con teorías psicológicas adoptamos una posición mucho más receptiva, me gustaría compartir con vosotros un trocito de la película "Una mente maravillosa". Es cuando J. Nash empieza a dilucidar la teoría que después le llevaría al Nobel, pero que además podría ser la base de cualquier negociación dentro de un acuerdo de ganar - ganar: Lo principal es que cada miembro del equipo vaya hacia su objetivo ayudando a los demás a conseguir los suyos. Podría ser un buen comienzo. Apoyarnos unos a otros y no vislumbrar sólo en el horizonte nuestro objetivo como si no nos rodeara nada más en este mundo.
Hemos de pensar que si comienzo cualquier negociación pensando en que "me van a traicionar" eso se nota en mis movimientos y mi forma de actuar (C. Verbal y No Verbal), por lo que automáticamente mi interlocutor reacciona de forma defensiva tratando por tanto cada uno por su lado de conseguir el máximo beneficio, que nunca será el máximo para ambos. Y si comienzo una negociación en términos de confianza y llega un momento en que la traiciono... volver a la casilla de salida es muy difícil. Volver a generar confianza después de algo así supone mucho esfuerzo y más evidencias de las que necesitaríamos en un principio.
Lo que no pretendo en ningún caso es que pensemos (como ya he comentado en alguna ocasión) que todo el mundo es bueno, que no existe la mentira o el engaño y que yendo de esta manera todo nos saldrá bien.
Sólo planteo la reflexión siguiente: ¿Cómo puedo esperar que alguien confié en mí si no confío yo primero?
Hoy… concierto de Christina Rosenvinge… increíble.
Aunque era jueves, mañana había que madrugar, semana de trabajo y demás... este concierto nos ha permitido "Afilar la Sierra", desconectar y en cierto modo cargar pilas.
Aprovecho para compartir con vosotr@s la historia que introduce el 7º hábito de S. Covey.
Uno de los deportes tradicionales de Alaska es la tala de árboles. Hay leñadores famosos con un gran dominio, habilidad y energía en el uso del hacha. Un joven que quería convertirse también en un gran leñador, oyó hablar del mejor de los leñadores del país y decidió ir a su encuentro.
-Quiero ser su discípulo. Quiero aprender a cortar árboles como usted.
El joven se aplicó en aprender las lecciones del maestro, y después de algún tiempo creyó haberlo superado. Se sentía más fuerte, mas ágil, mas joven, estaba seguro de vencer fácilmente al viejo leñador. Así desafió a su maestro en una competición de ocho horas, para saber cual de los dos podía cortar mas árboles.
El maestro acepto el desafío, y el joven leñador comenzó a cortar árboles con entusiasmo y vigor. Entre árbol y árbol. Miraba a su maestro, pero la mayor parte de las veces lo veía sentado. El joven volvía entonces a sus árboles, seguro de vencer, y sintiendo pena por su viejo maestro.
Al caer el día, para gran sorpresa del joven, el viejo maestro había cortado muchos mas árboles que él.
-¿Cómo puede ser? – Se sorprendió – ¡Casi todas las veces que lo miré, usted estaba descansando!
-No, hijo mío, yo no descansaba. Estaba afilando mi sierra. Esa es la razón por la que has perdido.
El tiempo empleado en afilar la sierra es valiosamente recompensado
Sacado del libro de 7 hábitos. http://es.scribd.com/doc/7376493/Autoestima-Cap-179-Afilar-La-Sierra
Bueno, aprovechando que mi fotografía 14/365 es el Palo Indio... me parece muy interesante recordar el concepto de escucha empática y recordar la leyenda del famoso palico.
Para empezar, la escucha empática es la única que permite coger aire psicológico, y esto, realmente ¿qué significa? seguramente todos nos sentiremos identificados si pongo el siguiente ejemplo: cuántas veces, cuando hemos estado contando algo a alguien, bien sea compañer@ de trabajo, amig@, pareja, familia, etc... y no nos sentimos entendidos es como si nos faltara el aire, comenzamos a desesperarnos y empezamos a, o bien a hablar atropelladamente porque nos enfurecemos al ver que no somos comprendidos, o bien desconectamos de la conversación y nos resignamos porque no nos han entendido.
El caso es que cuando nos sentimos comprendidos, cuando sentimos que hemos conectado con nuestro interlocutor y éste refleja lo que hemos dicho y cómo nos hemos sentido, es entonces cuando sentimos un alivio en nuestro interior que se refleja rápidamente en nuestro rostro y en nuestra cabeza. De hecho, es como si literalmente nos "quitaran un peso de encima". Eso es coger aire psicológico.
En la mayor parte de las ocasiones en las que conversamos sobre un tema que preocupa a nuestro interlocutor, tendemos a realizar preguntas autobiográficas más que poner en práctica la escucha empática, nos gusta aconsejar, indagar, interpretar o evaluar (los 4 estilos de respuesta autobiográfica) ... y nos pone en una posición perceptiva más de juez que de escucha empática. Normalmente trabajamos desde el paradigma inefectivo que supone escuchar con la intención de responder.
La leyenda del Palo Indio, versa de una tribu que utiliza el palo indio en sus consejos o reuniones para precisamente conseguir que la persona que expone su problema en primer lugar, sea la que posea el Palo y sólo esa persona pueda hablar, el resto escuchan y le facilitan su feedback. Cuando termina entrega el Palo Indio a la persona con la que se haya sentido comprendida y es entonces cuando esa persona podrá hablar del tema en concreto.
Hay que empezar a ser conscientes de que lo importante que es en cualquier situación comprender el mapa que envuelve todo, y si nos limitamos a verlo desde nuestro punto de vista, nos perdemos información y por tanto tenemos una versión sesgada de la realidad. "Mi mapa no es el mundo". Hemos de cambiar nuestros paradigmas y comenzar a escuchar, pero de verdad, seguramente nos vendría bien empezar a repartir Palos Indios a diestro y siniestro para empezar.
Cuántas veces habremos oído frases como: “es un excelente profesional”, “es una excelente persona” o incluso “es un excelente amig@”...
Una de las cuestiones a abordar antes de tratar un término tan sujeto a interpretaciones, es ¿qué es ser Excelente?, depende a quien tomemos como punto de partida y en función de los niveles de exigencia, propios e impuestos, podemos hablar de términos muy diferentes.
La RAE define el término Excelencia como: “1.- Superior calidad o bondad que hace digno de singular aprecio y estimación”
En las empresas podemos hablar de trabajadores excelentes, ¿pero realmente tenemos claro qué es lo que significa? ¿Qué repercusión tiene a nivel competencial? Hablar de términos que sugieren un valor máximo de competencia puede llevar connotaciones diferentes en función del entorno.
Hoy por hoy, trabajar en una organización no sólo significa cumplir tus objetivos y tener un buen desempeño, sino relacionarnos y trabajar con gente; de hecho, ya estamos cada vez más mentalizados: trabajamos con clientes internos para clientes externos y que todos interactuamos, ya que los procesos son transversales y somos parte de una gran red.
S. Covey estudió los rasgos del carácter que presentaban las personas que tenían éxito y de ahí logró definir los “7 Hábitos de las personas altamente efectivas” como objetivo de desarrollo.
Para calificarnos como excelentes, a nivel interpersonal, hemos de marcarnos como principal objetivo identicar las claves para conocer, formar y afianzar una red de relaciones adecuada a nuestros objetivos profesionales y las habilidades necesarias para ello.
Asertividad, comunicación, la conciencia autocrítica,… conceptos que hasta el momento se han trabajado desde el desarrollo personal, hemos de plantearnos desde el punto de vista requerido para la excelencia en el desempeño de cualquier puesto.
Además elemento complementario para calificarnos como excelentes, hemos de tener en cuenta la influencia como capacidad de negociación, siempre partiendo desde la cooperación (no en el sentido negativo de la manipulación)
Todo esto supone un ejercicio de autoconocimiento, no sólo de los objetivos profesionales, sino también de nuestra posición dentro de la organización. Hemos de conocer no sólo cuál es nuestra misión, nuestros objetivos y quién/nes de nuestra organización y fuera de ella participan en este complejo proceso.
Partiendo de ese punto, necesitamos capacidad de autocrítica para analizar consecuencias y asumir retos, ser asertivos y firmes en nuestras relaciones y decisiones, teniendo claros nuestros objetivos. Lo importante es la creación de relaciones establecidas con la base de la confianza, de la cooperación, del ganar – ganar.
La clave es la comunicación, aprender a comunicarnos con un objetivo y como ese objetivo puede ser retroalimentado por todos los que puedan participar en un proceso organizativo y / o proyecto.