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domingo, 19 de octubre de 2025

Bienestar en la empresa: antes de que sea tarde

 Entramos en la recta final de 2025. Hace un año, muchas compañías señalaron el bienestar emocional como una de las grandes prioridades de este ejercicio. Y sin embargo, hoy me pregunto:

👉 ¿Cuántas han pasado del discurso a la acción? 👉 ¿Cuántas han medido de verdad cómo están sus equipos? 👉 ¿Y cuántas han comprobado el retorno de cuidar… o el coste de no hacerlo?

El informe de SAVIA (abril 2025) lo deja claro:

  • Solo el 33% de empleados recibe servicios de bienestar en su empresa.
  • El 67% de quienes no los reciben estaría interesado en acceder a ellos.
  • El 60% considera importante que su empresa los ofrezca, cifra que sube al 77% entre quienes ya los disfrutan.
  • Y para el 67% de quienes ya los reciben, el bienestar es un factor decisivo al cambiar de trabajo.

No cuidar hoy es perder mañana. No solo productividad —que puede caer hasta un 23% con malestar emocional— también compromiso, atracción y retención del talento.

Con LATIDO, mi propuesta es esa: generar espacios de seguridad psicológica y culturas emocionales sostenibles, donde cuidar sea la norma, no la excepción. Porque la productividad solo se sostiene cuando las personas pueden estar bien.

Y es importante recordar algo: a veces ni siquiera tenemos claro qué implica realmente la seguridad psicológica, o no contamos aún con líderes preparados para sostenerla. Por eso, antes de ofrecer servicios paquetizados y estándar, hace falta escuchar, diagnosticar y personalizar la necesidad. Cada organización tiene su propio punto de partida.

La pregunta es: ¿Tu empresa está midiendo el bienestar… o está esperando a que sea demasiado tarde?

Checklist de reflexión para líderes y equipos:

  • ¿Cómo estamos midiendo hoy el bienestar emocional en nuestra organización?
  • ¿Qué espacios reales ofrecemos para hablar de malestar sin miedo?
  • ¿Qué hacemos con los datos que obtenemos: reaccionamos o transformamos cultura?
  • ¿Tenemos claro cuánto nos cuesta no cuidar?
  • ¿Estamos formando a líderes para acompañar desde la presencia y no solo desde los resultados?

Porque cuando una cultura cuida, todo late mejor.

#BienestarLaboral #SeguridadPsicológica #CulturaEmocional #LiderazgoConsciente #SaludMentalEnElTrabajo #ProductividadSostenible #EmployeeExperience #Talento #RRHH #Liderazgo #rutroncal

miércoles, 14 de mayo de 2025

Florecer no es llegar: es elegir cuidarte, una y otra vez



¿Qué significa florecer para ti?

Te lo pregunto porque últimamente me lo estoy preguntando yo también.

Hace unos días, en una caminata por el campo, mientras respiraba el aire fresco de la mañana, pensé: “Estoy viva, pero… ¿me siento viva?”
Y me di cuenta de que había estado funcionando en automático. Cumpliendo tareas, dando respuestas, cuidando a otros... sin detenerme a mirarme.

Este año he sentido más que nunca que mi bienestar no es solo estar bien físicamente o tener paz mental. Para mí, florecer tiene que ver con las relaciones.
Conmigo misma, primero.     
Y con las personas que quiero y me importan: mi hijo, mi pareja, mi familia, mis amigas y amigos, mis compañer@s, mis clientes…

Pero también he notado algo importante: cuando me descuido —cuando mi salud se tambalea o no me doy permiso para parar— esas relaciones también se resienten.
Y entonces ya no me reconozco.

 Así que empecé a pensar… ¿qué necesito para estar bien de verdad?

Y ahí apareció el concepto de florecer. No como una moda, sino como una forma más amplia y profunda de bienestar.         
Justo esta semana cayó en mis manos el Global Flourishing Study, un estudio longitudinal publicado en Nature Mental Health que ha seguido a más de 200.000 personas en 22 países durante cinco años.

¿Qué tienen en común las personas que dicen sentirse plenas?

El estudio identifica seis dimensiones clave del bienestar.
Y me pareció tan revelador que me detuve en cada una para mirar mi propia vida:

  • Salud: física y mental. Me recuerdo que sin cuerpo no hay camino. Y que la cabeza también necesita cuidados, descanso y límites.
  • Felicidad: no euforia constante, sino momentos de alegría real. Los encuentro a veces en lo más simple: una canción, una risa, una conversación, un abrazo...
  • Sentido: hacer cosas que me conectan con algo más grande. Para mí, acompañar procesos de cambio, crear, compartir.
  • Carácter: actuar desde mis valores. Incluso cuando nadie mira. Especialmente entonces.
  • Relaciones: las que sostienen, nutren y abrazan sin pedir nada a cambio.
  • Seguridad financiera: porque la tranquilidad económica no lo es todo, pero sin ella es difícil dormir en paz.

Me di cuenta de que florecer no es estar al 10 en todas.   
Es tener un equilibrio que me permita sostenerme y sostener a otros.     
Es poder caer sin romperme.
Es crecer incluso en medio del caos.

El tema es que vivimos en una paradoja, según recogía hace poco La Vanguardia, vivimos más años, tenemos más recursos y acceso a salud que nunca... y sin embargo crece la ansiedad, la soledad y el vacío.

¿Puede ser que en medio del confort, estemos perdiendo el sentido? 

En mi anterior post hablaba de cuántas veces nuestro bienestar se convirtió en una tarea más.. y perdimos el sentido del equilibrio. Quizás.. dejamos de ver eso.. el equilibrio que nos proporcionaba o de escuchar lo que verdaderamente nos daba bienestar.  

En función del estudio, te propongo mirarlo así: ¿cómo está tu equilibrio hoy?

📝 Aquí va un checklist para explorar esas seis áreas en ti:

✅ ¿Duermes y comes bien?  
✅ ¿Tienes momentos de alegría o paz real?            
✅ ¿Sientes que lo que haces tiene sentido?            
✅ ¿Actúas de forma coherente contigo?     
✅ ¿Tienes vínculos que te sostienen?          
✅ ¿Te sientes económicamente segura/o?

🎬 Como en The Bucket List o La casa de tu vida, a veces hace falta parar y preguntarse:
¿Estoy viviendo la vida que quiero vivir? ¿Qué me está faltando para florecer?

🌱 Una herramienta sencilla, un primer paso real

Te comparto un ejercicio que uso en mis procesos de coaching: la Rueda de la Vida (PDF).
Tradicionalmente se usa para revisar distintas áreas personales y profesionales, pero hoy te propongo adaptarla a estas seis dimensiones del florecimiento:

  1. Dibuja un círculo con 6 secciones (una por cada dimensión).
  2. Puntúa del 1 al 10 cómo estás en cada una hoy.
  3. Mira tu rueda: ¿gira o está descompensada?
  4. Y ahora, una sola pregunta:  
     ¿Qué 3 microacciones puedo hacer esta semana para cuidar una de estas áreas? Ó más directa, ¿Qué microacción puedes hacer hoy por el área que más te resuene?

Porque florecer no es una meta, es una elección continua

Una elección que empieza por parar. Por mirarte.  
Por darte el permiso de ser prioridad sin culpa.       
Por construir una vida en la que estés, no solo sobrevivas.

🌸 Hoy puede ser ese primer paso.  
Y si quieres, te acompaño.

Si te apetece trabajarlo conmigo o explorar más, te espero en 👉 www.rutroncal.com

#florecer #bienestar #coaching #saludmental #liderazgoconsciente #desarrollopersonal #autocuidado #equilibrio #mindfulness #rutroncal

 

viernes, 9 de mayo de 2025

¿Qué refleja tu espejo hoy: presencia o exigencia?

 



Esta mañana me he mirado en el espejo.
Como muchas mañanas, pero hoy he sentido que, más que un reflejo, lo que veía era una evaluación.

¿He dormido bien?
¿Estoy con buena cara? 
¿Me veo como “tengo que” estar?

Y me he dado cuenta de que, incluso en los momentos de más autocuidado, hay una parte de mí que sigue juzgando.
Como si cuidar de una misma no fuera suficiente… si no se nota por fuera.

Y entonces me he parado.
Porque, si lo que vemos es solo una máscara de bienestar… ¿realmente nos estamos cuidando?

Estos días leí un artículo que me hizo pensar: “Qué hacer cuando la obligación de estar guapo y saludable se convierte en un lastre” – El País

Y pensé:
Qué fácil es que el autocuidado se convierta en otra forma de exigencia.
Que lo que empezó como una forma de escucharte… acabe siendo otra lista de deberías.

Yo confieso.
Tengo migrañas desde hace años.
Y desde hace unos meses, convivo con SIBO.
Lo que implica que mi cuerpo me pide que le escuche a diario. Que le respete. Que no me pase de la raya con la comida, el ritmo o el estrés.

Y no siempre lo consigo.

Hay días en que me salto las pautas.
Otros, en los que me exijo rendir como si no pasara nada.
Y otros en los que todo va bien, y sin embargo, aparece la culpa: ¿estás haciendo suficiente?, ¿estás cuidándote “como deberías”?

Dicen que el bienestar se construye.
Pero a veces parece que también se exige.

Comer sano, hacer ejercicio, meditar, tener buena cara…
Y hacerlo bien. Siempre bien.

Y eso, a veces, agota.

Porque, además, soy psicóloga.
Y parece que las psicólogas no solo tenemos que estar bien…
Sino también parecerlo.

Y entonces recuerdo una escena de Come, reza, ama.
Liz (Julia Roberts) está en una barbería de Roma con su amiga.
Observan cómo los hombres italianos se relajan, charlan, leen el periódico, se toman su tiempo.
Y entonces uno de ellos le explica algo que allí es cultura:
“Il dolce far niente” – El placer de no hacer nada.

Nada más.
No hacer. No justificar. No rendir.

Solo estar.
Sentarse. Respirar. Dejarse ser.

¿Y entonces?:
¿Cuántas veces, incluso cuando paramos, lo hacemos con culpa?
¿Cuántas veces convertimos el descanso en tarea, el placer en autocontrol?

Porque no es solo que necesitemos parar.
Es que necesitamos parar sin exigencia.
Sin tener que ganarnos el descanso.
Sin que haya que compensarlo después.

Esa escena es una invitación.
A soltar. A disfrutar. A recordarnos que el bienestar no siempre se construye haciendo.
A veces, se encuentra cuando dejamos de hacer.

Y en esa barbería, con esa charla, hay algo más que risas y conversación trivial: hay permiso.

Permiso para no rendir.
Para no justificarse.
Para disfrutar sin culpa.

Y pienso en lo lejos que estamos, a veces, de eso.

 Porque hemos convertido el bienestar en una nueva exigencia:
— come bien, pero sin ansiedad
— haz ejercicio, pero no te obsesiones
— medita, pero no te distraigas
— sonríe, pero que sea auténtico

Y así, incluso cuidarnos se convierte en una nueva forma de no llegar.

 Cuando el autocuidado se vuelve exigencia, incluso lo que nos hacía bien puede dejar de nutrirnos.

Lo he notado con mis propios hobbies.
Aquellos que antes me entusiasmaban, si los convierto en obligación, se vacían de sentido.

Porque cuando algo que te apasiona se transforma en otra casilla más de tu lista, deja de ser refugio… para ser otra trinchera.

Y en esos momentos, la clave no es forzarlo.
Es fluir.

A veces, lo que necesitamos no es insistir… sino escuchar.

Tal vez ese libro que antes te encantaba, hoy no te dice nada.
Tal vez caminar, en lugar de meditar, te conecta más.
Tal vez hoy no necesitas “hacer algo”, sino simplemente ser.

Porque como el río, somos movimiento.
Somos el mismo río… y al mismo tiempo, otro.

Y ahí también hay bienestar:
en aceptar que cambiamos,
que lo que nos calma también evoluciona,
y que soltar, a veces, también es cuidarse.

Y así, incluso cuidarnos se convierte en una nueva forma de no llegar.

Pero… ¿y si el verdadero autocuidado fuera dejar de hacerlo perfecto?

— Elegir la paz antes que el perfeccionismo.
— Elegir la presencia antes que la productividad.
— Elegir la verdad, incluso si no es “instagrameable”.

Estas semanas, he aprendido (otra vez) que cuidarme no es hacerlo todo bien.
Es estar conmigo, sin tantas condiciones.

A veces eso significa tomarme una infusión mirando por la ventana.
O escuchar mi cuerpo cuando me pide parar.
O escribir este post, para recordármelo también a mí.

Y tú…?
• ¿Qué parte de tu autocuidado se ha convertido en obligación?
• ¿Cuánto de lo que haces lo haces porque aún te nutre… y cuánto porque “deberías”?
• ¿Qué pasaría si cuidarte fuera más escuchar y menos exigirte?

• ¿Qué cosas haces por “bienestar” que en realidad te desconectan?
• ¿Qué pasaría si tuvieras que quitarte la capa de “estar bien” solo por hoy?
• ¿Qué pasaría si cuidarte fuera más escuchar y menos exigirte?

El bambú japonés

Dicen que el bambú japonés tarda siete años en crecer.
Durante ese tiempo, no se ve nada en la superficie.
Nada.
Pero bajo tierra, está echando raíces fuertes, profundas, preparándose para crecer alto.
Solo entonces, en unas semanas, puede llegar a crecer más de 30 metros.

El bienestar a veces es así.
No siempre se ve.
Pero se está cultivando.

Recuerda:
No todo lo que no se ve, no cuenta.
A veces lo más importante está pasando… por dentro.
Y lo que hoy no te hace bien… quizás simplemente sea porque ya no es lo que necesitas. Porque a veces el verdadero autocuidado no es hacer más.
Es soltar más.

Y recordar que no estamos en una carrera de hábitos perfectos.
Estamos en un camino humano, cíclico, imperfecto…
y profundamente honesto.

#autocuidado #bienestar #reflexión #psicología #saludmental #presencia #rutroncal

martes, 29 de abril de 2025

Una batería, una radio, un camping-gas y dinero en efectivo

 


Puede que hoy muchos hablen del apagón.
Yo prefiero hablar de lo que encendimos.

Ayer no se trataba solo de quedarnos sin electricidad.
Se trataba de quedarnos sin certezas.
Sin esa normalidad que damos por hecha.

Y en esos momentos, cuando todo se detiene, también tú te detienes.
Y observas.

Primero notas lo obvio: el móvil, el internet, las luces.
Luego empiezas a notar lo esencial: la comida en la nevera, el agua que ya no sube hasta tu casa, el efectivo que apenas usas ya.

Y en ese pequeño parón forzado, entiendes:
no siempre tenemos el control.
Pero siempre podemos elegir cómo reaccionamos.

Ayer, como muchos, me ví sorprendida por el gran apagón.
Estaba trabajando desde casa, organizando cosas del día a día, cuando de repente… todo se paró.

Primero pensé que sería algo puntual.
Después, que afectaría solo a nuestro edificio.
Más tarde entendí que era toda Zaragoza.
(En ese momento aún no sabía que era algo más grande).

Y ahí, en ese primer momento de desconexión forzada, empezaron las preguntas internas.

¿Qué pasa cuando todo se apaga?

Al principio, notas lo inmediato:
📱 El móvil.
🌐 Internet.
🔌 Los enchufes que no funcionan.

Pero en cuanto paras… empiezas a ser consciente de lo esencial:

  • La comida en la nevera.
  • El agua (vivimos en un 12º piso y las bombas dependen de la electricidad).
  • El dinero en efectivo que apenas usamos ya.
  • La falta de una radio tradicional o un camping-gas.

Todo lo que dabas por hecho… de repente no está.

Y ahí, empiezas a entender lo frágil que puede ser esa supuesta normalidad.

¿Y cómo reaccionas en esos momentos?

Ayer fui muy consciente de mis fases internas:

  1. Negación suave: Esto volverá en unos minutos.
  2. Curiosidad: ¿Qué está pasando realmente?
  3. Incertidumbre práctica: ¿Salgo o es mejor quedarse? ¿Qué necesito priorizar?
  4. Conciencia real: La electricidad sostiene mucho más que la comodidad.

Y después:
La calma.
La necesidad de información verificada.
La decisión consciente de actuar con cabeza, no con impulso.

Desconectar para reconectar

Después de asegurar lo básico y dejar de especular, hicimos algo sencillo y muy necesario:
Comimos algo básico (un sandwinch y una ensalada)                                        Descansamos un rato en el sofá y cuando se hizo la hora fuimos a buscar a Erik al cole.
Nos fuimos todos juntos al parque con unos amigos.
Y, de repente, sin móviles, sin relojes, sin prisas…
nos reímos.
Charlamos.
Nos miramos más a los ojos.

Conectamos, después de haber desconectado. 😉

Es curioso: al principio, el apagón me recordó escenas de la miniserie francesa Apagón (Blackout), donde todo se volvía caos.
Y sí, por momentos hubo preocupación.
Pero también hubo un giro: la ocupación serena y el aprendizaje sencillo.

No todo lo que se apaga fuera es una pérdida.
A veces, es la oportunidad para encender algo que dentro habíamos olvidado.

Pero también… ser conscientes

Si quiero ser sincera, hoy me llevo dos aprendizajes:

🔸 El primero, práctico:
Sí, voy a comprar una radio tradicional. Y probablemente también un pequeño camping-gas.
Porque prevenir, aunque no sea desde el miedo, también es parte del autocuidado.

🔸 El segundo, humano:
Sé que mi experiencia ha sido ligera.
Sé que otros no la están viviendo igual.

Personas atrapadas en ascensores.
En hospitales.
En metros, trenes, aviones.
Gente que no puede volver a casa.
Personas mayores que siguen ahora mismo sin electricidad en sus hogares.

Cada vivencia es distinta.
Y ser conscientes de eso también es parte de lo que deberíamos "encender" cuando todo lo demás se apaga.

Decálogo de autocuidado emocional y práctico en momentos de crisis

1. Respira antes de actuar.
Una respiración consciente de 10 segundos puede marcar la diferencia entre reaccionar y responder.

2. Prioriza lo esencial.
Comida, agua, abrigo, comunicación segura. Lo necesario primero. El resto puede esperar.

3. Contrasta siempre la información.
Busca fuentes oficiales y limita la sobreexposición a noticias. Proteger tu mente también es cuidar tu energía.

4. Mantén un pequeño kit básico.
Una radio tradicional, una linterna de pilas o recargable, algo de efectivo... 
Y no olvides una batería externa (power bank) para móviles. No por dependencia, sino para emergencias y comunicación real.

5. Redescubre formas sencillas de entretenerte.
Libros, juegos de cartas, dibujos, manualidades, escribir, conversar.
El entretenimiento sin electricidad también existe… y puede ser un salvavidas emocional.

6. Recupera los hobbies olvidados.
A veces dibujar, hacer puzzles, tejer o leer no solo hacen pasar el tiempo: ayudan a bajar el nivel de ansiedad.

7. Si hay niños, piensa en su seguridad.
Las velas son útiles, pero las luces LED a pilas o recargables son más seguras. Y además permiten crear un ambiente de “aventura” positiva.

8. Conecta, no solo conéctate.
Una charla en familia, una risa compartida, un paseo improvisado. Lo humano siempre reconforta más que cualquier notificación.

9. Ocúpate antes que preocuparte.
Enfócate en lo que sí puedes hacer en cada momento, aunque sea pequeño. Cada acción consciente reduce la sensación de impotencia.

10. Recuerda: no tienes que hacerlo perfecto.
Solo lo mejor que puedas, con los recursos que tengas, en cada momento. Y eso… ya es más que suficiente.

Y si estás viviendo una situación más crítica…

1. Prioriza tu seguridad física.
Si estás atrapado o en un entorno inseguro, conserva energía, mantente visible si puedes hacerlo de forma segura, y pide ayuda si es posible.

2. Conserva la batería del móvil para emergencias.
Apaga aplicaciones, reduce el brillo, y úsalo solo para lo imprescindible.

3. Busca el contacto humano si puedes.
Una mirada, una conversación breve: la conexión emocional protege.

4. Respira por ciclos.
4 segundos de inhalar – 6 segundos de exhalar. Ayuda a calmar el sistema nervioso y mantener la mente más clara.

5. Recuerda: no todo depende de ti.
Céntrate en cuidarte y sostener tu energía hasta que lleguen apoyos externos.

¿Y ahora?

  • ¿Cómo reaccionas tú cuando el mundo "se apaga"?
  • ¿Qué parte de ti reconecta cuando desconectas de todo lo demás?
  • ¿Qué aprendizajes querrías sostener… incluso cuando vuelva la luz?

No siempre podemos controlar la oscuridad.
Pero siempre podemos elegir encender pequeñas luces.

martes, 22 de abril de 2025

A veces, la primavera empieza por dentro


 

Necesitaba ir al centro.          

Y como hago siempre que tengo oportunidad, decidí ir andando en lugar de coger el tranvía.
El trayecto es una delicia: arboleda, luz suave, ese tipo de caminos que te recuerdan que estás en mitad de la ciudad… pero también un poco en ti.

Quería que me diera el sol. Sentir el aire. Y, si podía, mover el cuerpo.     
No por deporte, ni por obligación. Solo para reconectar.

Llevaba los auriculares puestos.        
Y de pronto sonó APT, de Rosé y Bruno Mars.         
No me lo esperaba. Pero algo se activó.

Empecé a caminar con otro ritmo.    
Puede que incluso bailara un poco. Muy sutil, eso sí.          
Y sí… también canté. Porque sí. Porque me salió. Porque me sentí viva.

No fue un momento épico. Fue un momento presente.     
Y entendí que no estaba cansada.     
Estaba reajustándome.          
Como el cuerpo. Como la estación. Como todo lo que empieza a florecer… aunque no lo veamos todavía.

Seguro que hemos oído alguna vez eso de …“La primavera la sangre altera”…  pues el estado de ánimo también

No es solo un refrán. También lo dice la ciencia: los cambios de estación nos afectan a todos. En el cuerpo. En la energía. En las emociones.

¿Por qué?

  • Aumenta la exposición a la luz solar → sube la serotonina (mejora el estado de ánimo).
  • Cambia la temperatura → altera el sueño, los ritmos circadianos y el metabolismo.
  • Todo el sistema se reorganiza… y eso a veces se siente raro.

Y en primavera, a pesar de que todo florece, no todo el mundo se siente bien.
Ahí aparece la astenia primaveral:   
✔️ Fatiga         
✔️ Apatía        
✔️ Insomnio leve        
✔️ Sensación de no estar del todo “en marcha”

Y no, no estás haciendo nada mal. Solo estás ajustándote.

 

Entonces… ¿qué puedes hacer?

No se trata de exigirte florecer.        
Se trata de acompañarte en el proceso.

Aquí van algunas prácticas suaves, sostenibles, reales:

🔸 Sal sin prisa. Camina aunque no tengas destino. Y si puedes, deja que el sol te toque un rato.          
🔸 Come lo que te nutra, no solo lo que te distraiga. Busca frescura, color, agua.
🔸 Pon límites a las pantallas. Incluso si solo es una tarde.            
🔸 Duerme sin culpa. Tu energía se está redistribuyendo.  
🔸 Escucha una canción que te haga sentirte dentro de ti. (La mía ya sabes cuál fue 😉)

Para ilustrar cómo funciona la primavera, de forma tan diferente en cada uno de nosotros, … os propongo un cuento de la filosofía sufí, La rosa y el cactus. Dice así:

En un jardín lleno de flores, una rosa florecía con orgullo.
Su color era intenso. Su aroma, embriagador.
Y, sin embargo, no estaba contenta.

Justo a su lado crecía un cactus.
Silencioso. Espinoso.
Sin pétalos, sin perfume. Sin nada —pensaba ella— que aportara belleza.

La rosa se quejaba todos los días.
—¿Por qué tengo que compartir tierra con algo tan… poco flor?

Pasó el tiempo.
Llegó el verano. El calor. La sequía.
Y la rosa, débil, empezó a marchitarse. Su tallo se curvó. Sus pétalos cayeron.
Ya no quedaba agua.

Entonces apareció un colibrí.
Voló hacia el cactus. Y picoteó con cuidado una de sus espinas.
De ahí brotó una gota de agua.

Y con ella, el colibrí fue a hidratar la raíz de la rosa.

Solo entonces entendió.
El cactus también florece.
A su manera. En su momento.
Y sostiene más vida de la que ella imaginaba.

Y es que, a veces nos exigimos florecer como las rosas: rápido, visible, con color y aroma para los demás (sin pensar en nosotr@s demasiado)
Pero hay procesos (como el del cactus) que no son tan llamativos, de hecho, parecen hasta feos o grotescos en contraste con algunas flores … y sin embargo sostienen vida (personalmente, me encantan los cactus).

Lo que hoy parece duro o fuera de lugar, tal vez es justo lo que te está protegiendo.
Lo que aún no muestra pétalos, puede estar guardando agua. Fuerza. Raíz.

No todo lo que brilla florece.
Y no todo lo que florece… se ve desde fuera.

Quizás, esta primavera, también puedas dejar de exigirte flor…
y empezar a honrar tu forma de sostenerte.

Y quizás, además, puedas mirar con otros ojos a quien tienes al lado:
Ese compañer@ de trabajo que está más callad@.
Es@ amig@ que no “remonta”.
Es@ adolescent@ que no se abre.

Porque no todos florecemos al mismo tiempo.
Y acompañar también es eso:
No pedir flores cuando aún hay raíces que están buscando cómo sostenerse.

Preguntas para seguir creciendo (o floreciendo, según se mire)…

  • ¿Qué parte de ti se parece más al cactus últimamente?
  • ¿A qué estás juzgando por no florecer como esperas?
  • ¿Qué parte de ti está pidiendo más luz… y cuál necesita todavía sombra?
  • ¿Y si tu primavera ya ha empezado, aunque aún no se vea?

Y como decía George Harrison…

“It’s been a long, cold, lonely winter…”
Y ahora… “Here comes the sun.”

Porque sí.
Winter is coming ya fue.
Ya no toca abrigarse por dentro.
Toca bailar bajo los rayos.
Volver a sentirnos. Volver a elegirnos.

Porque la primavera puede alterarlo todo…
y ese “terremoto” puede ayudarte a recolocarte el alma,
a reconocerte… y a reconectar contigo.

martes, 8 de abril de 2025

Camino de baldosas amarillas… en la era digital


¿Y si el bienestar estuviera en volver a casa?

Hoy vivimos en un mundo donde la tecnología nos acompaña a todas partes: en el trabajo, en la cama, en el bolsillo.
A veces parece un regalo.      
Otras veces, un hechizo.


Y como en El Mago de Oz, todos —tú, yo, cualquiera— caminamos por un camino de baldosas amarillas digitales, buscando un destino que a menudo no sabemos muy bien cuál es:        
¿el bienestar? ¿la desconexión? ¿recuperar el control?

Buscando de qué podía ir el próximo post, encontré que existe la ciberpsicología.
¿Y qué es?      
Es el área de la psicología que estudia la relación entre las personas y el uso de la tecnología, evaluando su impacto en la conducta humana.

El objetivo de la ciberpsicología no es demonizar las pantallas, sino entender cómo habitamos el mundo digital:       
cómo afecta a nuestro bienestar, cómo influye en nuestras emociones y qué podemos hacer para no perdernos por el camino.

La ciberpsicología nos recuerda que no se trata de apagarlo todo.           
Se trata de saber estar…  sin dejar de ser.

Os he hablado del camino de baldosas amarillas…  (Este trimestre Erik ha estado trabajando el cuento y el viernes vino todo orgulloso con su trabajo, os pongo un “trocico” de su arte).

Y pensé: igual que los personajes de Oz, en este viaje digital también necesitamos…

💓 Corazón – para no dejar de sentir ni de conectar con lo real (más allá de la pantalla).
🧠 Cerebro – para discernir, poner foco y recuperar la atención que los algoritmos fragmentan.
🦁 Coraje – para parar, para decir “no”, para gestionar el FOMO (“fear of missing out” o “miedo a perderse algo”) sin que nos devore.

Y sí, también una Dorothy interna: esa parte nuestra que nos recuerda que “el hogar” no está fuera, sino dentro.     
A mí me gusta llamarle también nuestra brújula interna.  
Porque el bienestar no se mide en notificaciones, sino en presencia.        
Y volver a casa… es volver a nosotros mismos.

Para ayudarnos a gestionar esto, os propongo la técnica del Semáforo. Antes de entrar a una app, responder un mensaje fuera de hora o abrir Instagram "sin pensar", probar esto:

🔴 Estoy entrando por ansiedad, aburrimiento o desconexión?   
⏱ Activa un temporizador de 2 minutos antes de actuar. Solo observa.   
(A veces no hace falta resistir… solo esperar un poco).

🟠 Esto me va a nutrir… o a agotar?
⏱ Ponte un tiempo límite realista. 5, 10, 15 minutos. Márcalo y respétalo.         
(A veces no se trata de prohibir, sino de dosificar).

🟢 Estoy en calma y sé para qué entro?      
✔ Entonces adelante, pero hazlo con conciencia.   
(No entres a buscarte si sabes que hoy no te vas a encontrar ahí).

Este semáforo no te dice “sí” o “no”.           
Te ayuda a decidir tú. A recuperar tu brújula.

 Y al final… ¿os acordáis del cuento? los zapatos rojos. Dorothy descubrió que el poder para volver a casa siempre estuvo en ella.
Solo que necesitaba el camino para darse cuenta.  
Y nosotros… también.

Porque, en realidad, los zapatos rojos no son mágicos.      
Son simbólicos.          
Son el recordatorio de que volver a casa es elegirte a ti, cada día, antes de perderte en la vorágine.

A veces necesitamos de algunos tips para cuidar nuestro bienestar (de verdad). Por ejemplo:

Para tu dopamina (motivación y foco):       
▪ Escucha música que te inspire        
▪ Haz ejercicio suave  
▪ Termina una tarea que tengas a medias    
▪ Crea, aunque sea algo pequeño      
▪ Celebra el esfuerzo, no solo el resultado

Para tu oxitocina (conexión y calma):         
▪ Abraza, aunque sea con la mirada (Un abrazo que dura al menos 8 segundos o 20 segundos o más puede tener efectos positivos para la salud física y mental)           
▪ Pasa tiempo sin pantallas con quien te importa    
▪ Agradece en voz alta           
▪ Ayuda a alguien sin esperar nada   
▪ Pasa tiempo en la naturaleza o con animales

Tomamos consciencia...

·       ¿Hace cuánto que no te preguntas cómo estás… antes de abrir una app?

·       ¿Qué parte de ti te gustaría traer de vuelta… si pudieras volver a casa?

·       ¿Dónde sientes que te pierdes más fácilmente? ¿Y qué te ayuda a volver?

·       ¿Estás usando la tecnología como faro… o como niebla?

·       ¿Qué harías diferente si supieras que ya tienes los zapatos rojos puestos?

No necesitas apagar el mundo.
Solo bajar el volumen.
Y empezar a mirar a tu alrededor:
¿Quiénes son tus compañeros de viaje?
¿Los has elegido tú?

Empieza a ser consciente.
Empieza a elegir.
Y recuérdalo…

Todo lo esencial ya camina contigo.

"You've always had the power, my dear, you just had to learn it for yourself."
“Siempre tuviste el poder, querida, solo tenías que aprenderlo por ti misma.” — Glinda, la bruja buena – Mago de Oz – L. Frank Baum