A veces no estamos mal del todo, pero tampoco bien. Lo sentimos en el cuerpo, en la energía, en la forma de responder a los demás… pero seguimos. Seguimos funcionando, resolviendo, cumpliendo.
Y cuando por fin paramos, puede que haya pasado más tiempo del que nos atrevemos a admitir.
Yo misma tengo la suerte de contar con dos grandes pilares que me acompañan en mi propio camino: mi coach Beatriz Ajenjo y mi psicóloga Edurne Sainz-Ezquerra. Recurro a ambas, según el momento que estoy viviendo, y en ambas me apoyo.
Porque no espero a que todo esté roto para mirar hacia dentro.
Y no, no siempre es fácil pedir ayuda. Pero a veces lo más difícil no es hacerlo, sino reconocer que la necesitamos.
A ver qué nos invita a reflexionar la siguiente lectura, un cuento sufí titulado “El fuego y el espejo”, dice así:
Un discípulo se acercó a su maestro con cierta incomodidad:
— Siento que algo me pesa… pero no sé qué es.
El maestro le entregó un espejo y le dijo:
— Mírate.
El discípulo lo observó y respondió:
— Está empañado, no se ve nada.
— Así vivimos muchos —dijo el maestro—. Con el espejo interior cubierto por el juicio, el ruido, el miedo o el cansancio.
Hasta que no lo limpiamos, no nos vemos.
Y hasta que no nos vemos, no sabemos qué necesitamos.
Ni nos atrevemos a pedirlo.
A veces el primer paso no es hablar. Es parar, mirarse y reconocer.
La cuestión es, ¿Cuánto tiempo tardamos en pedir ayuda? Según el estudio de Labrador et al. (2011):
- La media de tiempo para pedir ayuda en casos de ansiedad, depresión o trastornos adaptativos es de 4 años.
- En el caso de la ansiedad generalizada, puede llegar a 10–15 años.
Años en los que todo sigue funcionando… pero no bien. Y durante ese tiempo, el impacto se va extendiendo:
- En nuestras relaciones
- En nuestra capacidad de concentración y motivación
- En nuestra energía y autoestima
- En nuestra forma de estar en el mundo
¿Y si pedir ayuda fuera parte del autocuidado y no solo una medida de emergencia?
Una nueva figura: el psicólog@-coach del bienestar
Cada vez más organizaciones están apostando por una figura híbrida, más cercana y preventiva. Una persona que:
- Forma en primeros auxilios psicológicos y psicoeducación (inteligencia emocional, asertividad, mindfulness, gestión de conflictos, comunicación, etc).
- Acompaña procesos de desarrollo, motivación y orientación a objetivos a través de procesos de coaching.
- Interviene terapéuticamente si es necesario.
Una figura profesional, humana, que está cerca. Que no espera al colapso, que no necesita un diagnóstico para escuchar, que está ahí para prevenir, enfocar y sostener. Esta figura puede ser externa o interna, pero ya empieza a estar presente en las estructuras de las organizaciones (da igual el tamaño) que se preocupan del bienestar de sus empleados/as.
Ahora bien, ¿cómo saber si yo lo necesito? Os propongo una técnica sencilla, se llama: El escáner emocional silencioso.
Cierra los ojos un momento y haz tres respiraciones profundas.
Imagina que tienes un escáner invisible que recorre todo tu cuerpo muy lentamente, desde la cabeza hasta los pies.
No está buscando síntomas físicos, sino señales internas.
Sensaciones sutiles. Pequeños mensajes que quizás llevas tiempo ignorando.
🔹 ¿Dónde hay tensión que ya no es nueva, pero que se ha normalizado?
🔹 ¿Dónde sientes peso, rigidez, agitación?
🔹 ¿Dónde notas ausencia de energía?
Ahora, amplía la atención hacia dentro, más allá del cuerpo físico. Pregúntate:
🔹 ¿Qué señales estoy ignorando porque todavía “puedo con todo”?
🔹 ¿Qué parte de mí cree que pedir ayuda es un signo de debilidad?
🔹 ¿Qué he ganado las veces que sí me permití pedir ayuda?
🔹 ¿Y si cuidarme antes fuera también una forma de cuidar a los demás?
A veces, notar o ser consciente de lo que sentimos es el primer paso.
No necesitas tenerlo todo claro. Solo escucharte un poco más.
🔹 ¿Cuánto tiempo llevas sin parar de verdad a preguntarte cómo estás?
🔹 ¿A quién podrías acercarte hoy, sin esperar a estar peor?
🔹 ¿Y si normalizáramos pedir ayuda como parte del autocuidado?
🔹 ¿Qué historia necesitas soltar para permitirte ser sostenido/a?
¿Recordamos la historia de la mascarilla del avión?
Pedir ayuda no es rendirse.
Es darte permiso para ser honesto/a contigo mismo, sin necesidad de disfrazarlo de fortaleza y a veces estamos tan preocupados de cuidar a los/as que nos rodean que nos olvidamos de tener la energía suficiente para hacerlo... acordaros de la mascarilla... nos la ponemos para poder cuidar. Nos cuidamos porque sino no podemos hacer todo lo demás.
No tienes que elegir entre avanzar o sostenerte.
A veces, las dos cosas van de la mano.
Yo lo vivo así: recurro a Bea como coach y a Edurne como psicóloga. Y en ambas encuentro lo que necesito en cada momento.
No esperes a que tu reflejo se borre por completo para mirar hacia dentro. A veces, basta con limpiar un poco el espejo.
Y ¿tú? ¿qué opinas?
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